Maru Bielli es docente, socióloga y militante de El Hormiguero. Legisladora en la Ciudad de Buenos Aires por Fuerza Buenos Aires y referente a la hora de las discusiones públicas educativas, desde este año preside la Comisión de Educación de la Legislatura porteña. Conversamos con ella sobre las dificultades críticas alrededor de la educación que produjo el macrismo en estos casi veinte años de gobierno y gestión al frente de la Ciudad y los desafíos políticos abiertos frente a las problemáticas que enfrenta actualmente la comunidad educativa.
Más allá de que la gestión de Jorge Macri exacerba algunas cuestiones, hay una trayectoria del PRO en estos dieciocho años de gestión, en cuanto al recorte y subejecución presupuestaria, falta de inversión en infraestructura, digitalización del sistema de vacantes. Si bien esta política es hay algo general, ¿ves que hay un foco específico en las poblaciones más vulnerables –un poco similar al ejercicio del gobierno nacional? Pienso, por ejemplo, en el desarme de programas socioeducativos.
El presupuesto actual y los presupuestos de estos dieciocho años indican el esfuerzo presupuestario que hace una jurisdicción en materia educativa. Cuando uno lo analiza, incluso comparado con otras provincias y otras jurisdicciones del país, se ve claramente que para el macrismo la educación no fue una prioridad. Atrás de ese análisis del presupuesto lo que hay es una visión respecto de cuál es el rol de la escuela pública. Mauricio Macri la explicitó cuando dijo “caen en la escuela pública”. Pareciera que el rol de la educación pública es subsidiario respecto de la educación en la cual las familias tienen que pagar para asistir. Si las familias no tienen el ingreso necesario para poder mandar a sus hijos a una oferta privada, bueno, ahí está la escuela pública para ellos. Esta es la visión que se esconde detrás de la no priorización por parte del macrismo de la educación de los niños y de las niñas en nuestra ciudad
A partir de allí se desprende todo lo demás. En ese “todo lo demás”, por supuesto, están los recortes en distintas áreas. Los programas socioeducativos vienen a marcar algo: a decir que hay áreas que tienen que ser consideradas prioritarias y que requieren de un abordaje integral, que requieren de un refuerzo de la presencia del Estado en distintos formatos, que contemplen las particularidades de esos niños y esas niñas que viven circunstancias específicas, territorios determinados. Nuestra ciudad tiene una tradición muy importante de estas áreas, fue una ciudad pionera respecto al desarrollo de este tipo de programas. Y está claro que estamos asistiendo a un momento de un gran debilitamiento de este tipo de oferta.
Siempre decís que todo proyecto político tiene su correlato educativo. El macrismo ya lleva varias reformas educativas. ¿Qué transformaciones se dieron cuanto a los contenidos educativos, programas, que pueden comprometer la idea de educación como derecho?
Tal cual, cada proyecto político tiene su correlato educativo. Por eso Milei presenta ahora su “Ley de Libertad Educativa” muy asociado a una agenda de desresponsabilizar al Estado de su rol central respecto de brindar educación de calidad para todos y para todas. Creo que en el macrismo en la ciudad no podemos hablar de “proyectos educativos”. Es cierto que se han visto una serie de reformas, muchas con nombres rimbombantes, una atrás de otra, varias en la secundaria; pero creo que son intentos, mucho más para el exterior que para el interior de la escuela, de llevar adelante “innovaciones” o nombres con carácter innovador, que pretenden montarse en una agenda que intenta darle respuesta a la insatisfacción que existe con la escuela secundaria y que efectivamente requiere de intervenciones en este nivel. Intentos que, en general, quedan a mitad de camino, que tal como están planteados no transforman efectivamente las lógicas de lo escolar, que es difícil que modifiquen algunas cuestiones sustanciales como para poder denominarlos “proyectos”.
Creo que hay un intento con la Secundaria Aprende, que es la última reforma. Tiene algunas cosas positivas, como la concentración horaria, y tiene otras que van a depender mucho de su implementación, pero que son complejas, como, por ejemplo, que tanto Historia como Geografía dejan de ser áreas disciplinares para convertirse en laboratorios. Entonces, me preocupa que quede recortado el alcance y el acercamiento que los estudiantes tengan con estas disciplinas que son tan importantes, al no llamarlas o considerarlas materias fundamentales. Esto sí creo que hay que observar bien cómo se desarrolla en su implementación, pero es complejo y problemático.
En un momento en que la escuela está atravesada por las nuevas tecnologías que desafían al proceso educativo, al mismo tiempo que es más que nunca caja de resonancia de problemas sociales (salud mental, violencia, problemas económicos), ¿hay una oportunidad para pensar nuevas políticas educativas frente a estas realidades? ¿Hay intentos que se están dando que consideres interesantes para profundizar? ¿Cuáles serían algunas de las variables para una política educativa, teniendo en cuenta las características de este momento histórico?
Estamos atravesando un momento muy particular del desarrollo de las tecnologías y del impacto que tiene sobre cómo los jóvenes se relacionan con ese entorno, ese territorio como uno más donde construir su subjetividad, donde construir vínculos, donde encuentran o no encuentran mecanismos de validación, aceptación, en un terreno hostil. Hostil para las juventudes y las infancias en particular, porque prima la lógica del mercado. Y el algoritmo no solo te encierra en tus propias afirmaciones, sino que además promueve y premia como “contenido exitoso”, en general, el más violento. Entonces, no se le puede pedir a la escuela que resuelva ese vínculo, pero sí tiene mucho para decir.
La escuela y los Estados: tenemos que encarar una agenda seria respecto de la regulación de plataformas digitales, de protección de los derechos de los datos, de los derechos de niños, niñas y adolescentes en estos entornos. Además, es importante que la escuela tome a la tecnología como contenido, como objeto de conocimiento. En general estas situaciones vinculadas a la ludopatía, al bullying, al deep fake, fenómenos que aparecen vinculados al terreno digital, se abordan con talleres. De fondo hay que discutir que la lógica de la tecnología, de los datos, del algoritmo sea objeto de conocimiento, para que los estudiantes puedan tener herramientas para poder moverse en ese terreno tan hostil. Conocer, entender cómo funciona, cuál es la lógica: creo que eso es verdaderamente muy importante. Por eso, estamos promoviendo iniciativas en los dos planos: la regulación de las plataformas para la protección de los derechos de los niños y la tecnología como objeto de conocimiento en la escuela.
Claramente, se presenta un fenómeno de problemáticas vinculadas a la salud mental que tienen que ver con esto y otras cuestiones. La falta de horizonte, combinada con este presente continuo cada vez más aturdidor que ofrecen las redes sociales, se presenta en los jóvenes (en la sociedad en general, diría, pero los jóvenes particularmente) evidentemente muy problemática para poder abordarla sin padecerla: esto nos lo manifestaron los estudiantes con mucha crudeza en el último encuentro de la Comisión de Educación que tuvimos con ellos. Hay que encontrar los mecanismos, la forma en que la escuela pueda permitirles poner en palabras, lograr las articulaciones con otras instituciones que puedan hacer un abordaje de las problemáticas de la salud mental. Hoy esas articulaciones no están promovidas y además –en general y vinculado al vaciamiento de las políticas nacionales– están rotas. Así que es importante para esto la idea de escuela-comunidad: una escuela que se apoye en un entorno que acompañe y que permita hacer que este momento en la vida de las juventudes se pueda vivir bien. Y para vivir bien se necesita, por supuesto, de salud en sentido muy amplio.




