Augusto H

A las siete y media de la mañana teníamos clase de Biología en el tercer piso. Mi mamá nos traía a mi hermano y a mí y después se iba al Hospital. Nos dejaba justo en la puerta con el auto y había que entrar.

La voz de la profesora de Biología alcanza notas altas, sobre todo cuando dice “spongy” y “jointed limbs”. En su hora sé que puedo dormir tranquila. Su tono es como el de una abeja que vuela en círculos cerca de mi oído. Quiere dejar la miel pero nunca llega. Zumbido lejano, palabras dulces.

Jointed
limbs
Spongy
membrane

Qué
trabajo
insalubre
enseñar biología en inglés a
unos pendejos
como
nosotros

Glucose
Temperature
Animals

Cuando termina la clase, no puedo más. Me voy arrastrando los pies por las escaleras hasta el baño con mi celular y me siento sobre el mármol que me deja las piernas con piel de gallina. Abro Snapchat por primera vez en el día. El chico del que le hablé a Romi ayer subió algo nuevo. Otro video oscuro que no entiendo pero me gusta.

Es él en primer plano, creo, por el mechón gris que le llega hasta la boca. Atrás, dos chicas, o un chico y una chica, no se ve bien, forcejeando de un lado para el otro, ¿cogiendo? Se escuchan gritos o gemidos de las dos personas hasta que uno o una de las dos se cae y el video se corta de repente.

Después de verlo varias veces paso al próximo. El boludo de Ceto subió un videíto de la tanga violeta girando en el ventilador y después una foto que me sacó a mí a la que le agregó unas llamitas y un humito que me sale de la cabeza. Qué hijo de puta.

Me hizo acordar que ayer la tutora de la tarde me había dicho que el rector me esperaba en su oficina. Entonces, bajé de la mesada de mármol, hice pis, me sequé las axilas con el papel madera para las manos y subí a ver si podía enterarme para qué me había citado.

Toqué la puerta de rectoría y entré.
Rector: Rodríguez, ¿cómo anda?
Yo: Todo bien, ¿por?
Rector: La veo muy tranquila.
Yo: Normal.
Rector: Sí, pero yo la mandé a llamar ayer. ¿Por qué no vino?
Yo: Justo no podía. ¿Por qué asunto es?
Rector: ¿Usted ya vio esto?
Abre el primer cajón y tira arriba del escritorio mi prueba de Educación Cívica con un cinco escrito en rojo sobre la primera hoja.
Yo: Ah, no, no sabía. Todavía no nos había entregado las correcciones la profesora.
Rector: Me imagino. Yo la cité a usted, Rodríguez, porque veo que le está pasando algo, ¿qué le pasa?
Yo: ¿A mí?
Rector: Sí, a usted.
Yo: … Nada, no sé.
Rector: Usted no se suele sacar estas notas generalmente… Así que espero que después de esta charla empiece a estudiar un poquito más.
Yo: …
Rector: Vaya, vaya, que llega tarde a clase, como siempre.
Me levanté de la silla con el examen y salí de la oficina. No entendía bien por qué me había llamado. Al principio pensé que era por lo de la tanga, que alguien le había dicho que era de mi mamá. Pero no, a mí me llama la atención por un cinco mientras que a todas mis amigas, que se sacan siempre tres o cuatro, nunca las cita para nada. Al contrario, les tira chistes y las felicita por un nueve.

Ese día, cuando salí de la última clase de la mañana –la de Matemática–, fui derecho a buscar a Ceto para que bajara el video de Snapchat. Como ya se había ido a comer a lo del Chelo, agarré un poco de plata y fui para allá. Cuando estaba por cruzar Carabobo lo veo de vuelta: el pibe del video oscuro con el mechón gris hasta la boca. Iba caminando mirando para abajo, como si estuviera pensando en cómo iba a ser su próximo snap. Una chica parada sobre las rodillas de la otra chica, las dos con pelucas negras y sin corpiño con él de fondo, o mejor él en primer plano, todos moviendo la cabeza con electrónica. Cuando pasó por al lado mío levantó la cabeza e hicimos contacto visual por primera vez después de la noche en que nos conocimos personalmente. Mi teléfono volvió a sonar con una notificación de Happn que decía: “te has cruzado con Augusto H”.

Cuando llegué a lo del Chelo estaban todos los chicos comiendo. Me pedí lo de siempre, un Mirex completo, y me fui a sentar a las mesitas de afuera. Ceto estaba enfrente de mí mirando su celular con cara de pelotudo. Le dije que era un garca y que sacara el video que había subido porque, si no, yo subía las fotos del viaje de estudios al Palmar de Entre Ríos. Entonces, saltaron todos los chicos con el argumento de siempre: que no me calentara, que estábamos jodiendo y que igual el Snapchat no lo ve nadie… Me quedé sola. El error había sido plantearlo sin las chicas. Estos siempre hacen causa común y te cagan.

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