La reciente crisis migratoria en la ciudad autónoma de Ceuta trasciende la emergencia humanitaria y deja al descubierto un complejo juego de poder entre España, Marruecos y las grandes potencias mundiales.

Frente a las oleadas de desinformación, relatos negacionistas y discursos que minimizan o instrumentalizan el sufrimiento humano, el desborde en la frontera del Tarajal expone tensiones estructurales. Al igual que Melilla, Ceuta experimentó episodios recurrentes de presión migratoria. Sin embargo, cuando los controles fronterizos marroquíes se relajan y miles de personas, en su mayoría jóvenes y adolescentes (más de 50 mil en los últimos días), intentan cruzar desbordando a las fuerzas de seguridad, la crisis revela desequilibrios socioeconómicos profundos en Marruecos: un país con un desempleo juvenil cercano al 30 % y un creciente malestar social por el déficit en servicios públicos esenciales, entre otros problemas estructurales que motivaron intensas protestas el año pasado.

Al igual que Melilla, Ceuta atravesó estos episodios de oleadas migratorias sin control, como en mayo de 2021, pero esta vez la presión migratoria ha sido muy superior desbordando la contención de las fuerzas de seguridad. O eso es lo que ciertas crónicas y análisis explicaron. Según la organización Caminando Fronteras, al pasado miércoles 5 de agosto esta crisis habría causado ya 141 decesos.

Desde una óptica geopolítica y bajo el prisma de la “guerra híbrida”, la instrumentalización de los flujos migratorios por parte de Rabat actúa como una herramienta habitual de presión. Se vive una nueva tragedia, en la que se deshumaniza a las víctimas tratándolas de “invasoras”, “moras” o como parte de una “avalancha”. Las causas del movimiento pueden ser pensadas a través de los supuestos a continuación.

La ecuación geopolítica: Estados Unidos, Israel y Marruecos

Desde la guerra iniciada a finales de febrero entre Washington y Tel Aviv contra Irán, la nación persa padece el bloqueo del Estrecho de Ormuz, por lo que el control del paso en Gibraltar se muestra estratégico. En ese sentido, la hipótesis de que Marruecos sea un instrumento de Estados Unidos para debilitar a España y obligarla a ceder control no sería del todo desacertada en el acceso a un punto clave como el Mar Mediterráneo. Además, Madrid se opuso frontalmente a los esfuerzos bélicos estadounidenses en su campaña contra Teherán. En marzo, el gobierno de Pedro Sánchez rechazó oficialmente el pedido de Trump de permiso de empleo de las bases militares de Rota y Morón para lanzar ataques a Irán. En cierta medida, el paso libre de miles de migrantes con rumbo a Ceuta puede ser otro motivo de represalia marroquí bastante posterior e indirecto.

Las relaciones del eje constituido por Estados Unidos, Israel y Marruecos están en su mejor momento. En efecto, el relacionamiento de Washington con Rabat siempre fue positivo, más cuando la primera nación del mundo en reconocer la independencia del país americano fue el Reino ubicado en el Magreb, a finales del siglo XVIII.

Con Israel los términos no siempre fueron buenos. Por ejemplo, en 2000, Rabat y Tel Aviv suspendieron relaciones diplomáticas, recién retomadas veinte años más tarde. Fue entonces cuando, bajo propuesta del presidente estadounidense, Donald Trump, a Marruecos se le ofreció retomar el vínculo con Israel, los Acuerdos de Abraham, a cambio del reconocimiento de la Casa Blanca al plan de autonomía marroquí sobre el Sáhara Occidental: esto es, convalidar la ocupación ilegítima por parte del reino alauita del territorio que ocupa desde 1975 en flagrante violación del derecho internacional público, cuando según este último el Sahara Occidental es clasificado como “pendiente de descolonización” y comprendido en el listado de “Territorios No Autónomos” (TNA).

En 2007, Marruecos propuso ante la ONU su plan de autonomía para el Sáhara Occidental como la única salida negociada al conflicto. Respaldada por Estados Unidos en 2020, la iniciativa sumó apoyos clave de países como Francia, Alemania, Canadá y España (este último en 2022). Sin embargo, la aceptación española no estabilizó la histórica tensión bilateral: Marruecos ha seguido utilizando la presión migratoria como herramienta de coerción política, con episodios graves en 2021 y nuevamente a mediados de esta década.

Narrativas de confrontación e instrumentalización ideológica

Extorsionar a España vía Marruecos, mediante el flujo migratorio, permite a líderes ultraderechistas como Trump atacar a la izquierda y la política “progresista” del gobierno español sobre sus fronteras, en defensa del modelo cristiano occidental y judeocristiano frente a la administración que pregona apertura fronteriza y planes de acogida y regularizaciones masivas. Además, Rabat puede aprovechar la falta de entendimiento entre Estados Unidos y España para explotar estas crisis migratorias y humanitarias. En resumen, el vicepresidente J. D. Vance criticó las decisiones de Sánchez tildando lo sucedido en Ceuta como “un lamentable recordatorio de las consecuencias de la migración masiva y de las políticas globalistas de la izquierda radical” y acusando una “invasión de Occidente”. Por último, la primera ministra italiana, Georgia Meloni, aprovechó la crisis para cerrar el espacio comunitario de circulación Schengen a España, decisión respaldada luego por Dinamarca y Finlandia, gobiernos que también criticaron la actuación española en el norte de África, mientras Francia reforzó los controles fronterizos.

El factor energético argelino

La rivalidad histórica entre Marruecos y Argelia añade otra capa de complejidad. Desde la irrupción de la guerra en Ucrania, ambos se encuentran enzarzados en una guerra comercial y de aprovisionamiento gasífero a Europa. En julio de 2026, Argel y Madrid acordaron aumentar las importaciones de gas natural, normalizar las relaciones bilaterales y elevar el suministro a la península, en orden de poder consolidar al país africano como el principal socio energético del europeo tras cuatro años de ruptura. Las relaciones bilaterales habían quedado congeladas desde el reconocimiento español a la ocupación marroquí del Sáhara Occidental, cuando Madrid debió recurrir a Marruecos en materia de gas. Pero los términos del relacionamiento han cambiado y la insatisfacción marroquí se mostró con la presión migratoria en Ceuta.

La proyección diplomática de China y el choque global

El norte de África también es escenario de la competencia entre Estados Unidos y China. El gobierno español ha mostrado una actitud más receptiva frente a Beijing en contraste con las reticencias al alineamiento respecto de la política arancelaria global estadounidense. La presencia económica e industrial china en polos estratégicos como el puerto de Tánger Med busca sortear las barreras arancelarias de la Unión Europea. Por todo esto, para Washington contener la entrada de su gran rival es clave para sostener su hegemonía en el Mediterráneo occidental, área de importancia geoestratégica fundamental.

En la crisis de Ceuta, China combinó la retórica crítica con el pragmatismo diplomático. En el plano discursivo, usó el episodio para señalar las debilidades y fracturas de la Unión Europea, alineándose con las críticas de Trump. Sin embargo, sobre el terreno mantuvo una postura conciliadora y neutra, en claro contraste con los ataques de la Casa Blanca, al pedir colaboración entre Madrid y Rabat.

La postura sobre Palestina

Las fuertes críticas del gobierno español a la actuación de Estado de Israel desde el 7 de octubre de 2023 en Gaza y el reconocimiento oficial al Estado de Palestina en mayo de 2024 han generado momentos de tensión y cruces diplomáticos con Israel. Uno ha sido el señalamiento israelí hacia España respecto de su mala gestión de fronteras y el lanzamiento de críticas a Pedro Sánchez. Esto último debe ser interpretado como una suerte de revancha por la postura del ejecutivo español ante Gaza, particularmente cuando el gobierno del país ibérico se sumó a la denuncia internacional por presunto cometido de genocidio en la Franja, en junio de 2024.

La doctrina del “Gran Marruecos”

Si se da por cierto la teoría de que Marruecos orquestó el avance de migrantes en Ceuta, esto avala lo que periódicamente comienza a circular en redes sociales: la discusión acerca de si Ceuta y Melilla pertenecen a Marruecos. Desde la visión del país africano presupuestos no faltan, pues la tesis del “Gran Marruecos” es conocida y corresponde a una ideología irredentista de mediados del siglo XX que el nacionalismo marroquí exalta a menudo, incluyendo los dos enclaves españoles junto con otros territorios como el disputado Sáhara Occidental.

Aunque la situación jurídica de Ceuta y Melilla es indiscutiblemente española, Marruecos las concibe como ciudades ocupadas y por ello utiliza la migración como medida de presión política, como demostró la crisis migratoria de 2021 tras el ingreso a Logroño del líder del Frente Polisario, Brahim Gali. La relación bilateral ya rozó el conflicto bélico en 2002 por el islote de Perejil. A menudo se ignora la dimensión euroafricana de España, una realidad incómoda para Rabat, cuya monarquía instrumentaliza el expansionismo para atizar el patriotismo y desviar la atención de sus problemas internos.