La Casa Municipal de Trabajo en Rummelsburg, Berlín, fue inaugurada como centro correccional para mendigos y prostitutas en 1879, castigando con extensas jornadas de trabajo forzado a todo ciudadano encerrado en esta Arbeitshaus (tal su definición en alemán). Contemporáneo a esas prácticas políticas sobre pobres y desamparados, el británico Francis Galton comenzó en 1883 la difusión de una seudodisciplina, la eugenesia, según la cual podían mejorarse las características de una sociedad por reproducción selectiva; mientras tanto, en Alemania, el médico Alfred Ploetz presentaba a mediados de 1890 su teoría sobre higiene racial basada en las ideas de aquel. Otros autores europeos, por su parte, proponían intervenciones médicas que incluyeran la eutanasia para mejorar el estado de salud de la población, evitando así la “degradación” de pueblos que se consideraban superiores. A comienzos del siglo XX estas especulaciones seudocientíficas ya gozaban de gran consenso médico y político también en Estados Unidos, donde el abogado Madison Grant publicó con enorme repercusión La decadencia de la gran raza, o Las bases raciales de la historia europea (1916). Tanto Grant con sus ideas raciales como el empresario automotriz Henry Ford con su libro antisemita El judío internacional (1920) fueron inspiración para un joven Hitler y su plan de arianización del pueblo alemán, lecturas que reflejó en su propia obra Mein Kampf (1925). Salido de prisión y en plena campaña política, el futuro dictador propuso en 1929 la eliminación de los cuerpos enfermos pues “como consecuencia de nuestro humanitarismo sentimental moderno, intentamos mantener a los débiles a expensas de los sanos”.
Asociales
Con su elección como canciller de Alemania en enero de 1933, Adolf Hitler designó a Julius Lippert como ReichKommissar de Berlín, nombramiento que lo convertía en un alcalde de hecho de la ciudad para realizar purgas en el gobierno municipal y emprender tempranamente la persecución de disidentes. Pero este político, periodista y miembro de las SA (milicias de asalto del nacionalsocialista) también era partidario de ampliar la reclusión de ciudadanos, ya que, según sus palabras, se trataba de “excluir a los vagos, aliviar la dependencia pública de cualquier tipo de beneficiarios de ayudas sociales y proteger a la comunidad de influencias subversivas y delitos punibles”. El plan respondía al ideario general del régimen, que en septiembre de ese mismo año ordenó el arresto de unos diez mil mendigos e indigentes en todo el Reich. El 12 de octubre, unos días después de este secuestro masivo, el Deutsche Zaitung publicó en su tapa “Berlín, la ciudad sin mendigos. ¿Adónde se han ido?”. Para 1934 la Arbeitshaus será rebautizada como Casa de Trabajo y Centro de Libertad Condicional Municipal, triplicará su población y reducirá al límite de la supervivencia el mantenimiento de cada recluso, en su mayoría ancianos y enfermos, sin recursos ni capacidad de trabajo. Quienes sí podían trabajar eran enviados a fábricas y talleres de la propia Arbeitshaus, y con esa labor pagaban el coste de su encierro. Pronto, el confinamiento se extendió a homosexuales, gitanos, disidentes políticos y judíos, considerados asociales para el Estado. El oficial del ejército Reinhard Heydrich, Obergruppenführer de las SS (grupo paramilitar del nazismo), jefe de la policía secreta y responsable de las redadas, explicaba: “se define como elementos asociales a las personas que, mediante actitudes hostiles hacia la sociedad, incluso sin ser delincuentes, demuestran no querer integrarse en la comunidad”.
“Aquí tú contribuyes” (o “Con la tuya contribuyente”)

El punto nodal de esta política de concentración fue la práctica política a seguir con los discapacitados. El régimen sancionó tempranamente la ley de esterilización forzada para personas con enfermedades hereditarias, algo que el gobierno prusiano anterior a los nazis había intentando sin éxito parlamentario, y Tribunales de Salud formados ad hoc debían seleccionar en asilos, escuelas, cárceles y hospitales a los destinatarios del procedimiento. El siguiente paso fue la proliferación de discursos precisos y quirúrgicos sobre el entendimiento colectivo, que construyeron un consenso mayor para el exterminio. La propaganda y diatribas en base a fake news comenzaron a través de la revista mensual Neues Volk (Nuevo Pueblo), que se repartía en escuelas y hospitales y lanzó en 1937 una extensa serie de representaciones sobre el gasto que implicaba mantener a enfermos y discapacitados. En uno de ellos (imagen 1) un médico alemán posa su mano sobre el hombro de un paciente y puede leerse: “60.000 RM (Marcos Imperiales). Esta persona con una enfermedad hereditaria representa un gasto para la comunidad nacional. Compatriota, ese dinero también es tuyo”.[1]

Otro cuadro (imagen 2) presenta a un hombre rubio sosteniendo a dos pobres, morochos, con signos exagerados en sus rostros y cuerpos vencidos, con la frase: “Aquí tu contribuyes. En promedio, una persona con una enfermedad hereditaria genera un coste de 50.000 RM para cuando alcanza los 60 años de edad”. El siguiente afiche (imagen 3) lleva al absurdo la utilización de noticias y estadísticas falsas: el encabezado sobre un rostro femenino sostiene “El terrible legado de una mujer alcohólica” y remata con el dato desopilante de “894 descendientes en 83 años” con herencia genética asocial. Para completar el esperpento, debajo del dibujo siniestro de cada uno de sus presuntos vástagos, el cartel señala la proporción del tipo asocial que puede reproducir: “40 personas viviendo de la caridad pública, 181 prostitutas, 142 mendigos, 67 criminales convictos y asesinos, y 437 serán asociales que causarán al estado un gasto de unos 5 millones de marcos en daños”. Vale aclarar que estas ilustraciones fueron incluidas en un manual de biología obligatorio para todas las escuelas secundarias del Reich.

La eliminación
Luego de esta campaña vino la masacre: con la Operación T4 (Aktion T4) se procedió al asesinato masivo de enfermos mentales y discapacitados. Su nombre remite a la dirección donde se encontraba la oficina estatal, en la Tiergartenstraße 4, a la que el Führer envió una carta en septiembre de 1939 (imagen 4) autorizando “ampliar las facultades de los médicos” a cargo de hospitales y hospicios para practicar una “misericordiosa muerte” a los pacientes que consideren en “estado crítico”.[2] El programa, con tantos antecedentes propagandísticos y prácticas concretas antes y durante el nazismo, asesinó a más de trescientas mil personas. La apuesta para convencer a la población de lo oneroso que eran estos cuerpos descartables funcionó a partir del desprecio y el miedo, dos maleables sentimientos primarios. Pero tuvo sus detractores y la voz más importante fue la Iglesia, sobre todo en las palabras del Obispo de Münster, quien a pesar de sus ideas conservadoras radicales nunca dejó espacio público sin señalar la criminalidad de la Operación. Esta campaña eclesiástica detuvo formalmente el plan hacia 1941, pero registros posteriores comprobaron su lamentable continuidad hasta 1945.

Lo que persiste
En la actualidad, la infame Arbeitshaus y sus similares son espacios de memoria que nos señalan con detalle cada uno de los eventos repasados aquí someramente. Aunque su contracara son las palabras y prácticas que subrepticiamente se incorporaron al lenguaje popular como forma de entender el mundo y describirlo. La remanida frase “negro de alma” que descalifica de manera profunda y cruel al que se considera inferior, reconoce su génesis más potente en el nazismo, aunque si rastreamos un poco podremos encontrar ensayos anteriores. Pero los nazis usaron la misma fórmula para describir y denostar a los judíos: considerados ratas por los seguidores del Führer, el régimen insistía en que lo central no era su aspecto físico (aunque se dibujaba a aquellos de forma animalizada en cada propaganda), sino lo que llevaban dentro: no importaba que se parecieran a otros o no respondieran al “estereotipo” del judío, el problema es que por dentro eran ratas, ratas de alma. También la construcción de una noción cognitiva donde unos pocos contribuyen a mantener vagos, holgazanes, asociales y beneficiarios de ayudas sociales sobrevive hasta el presente con particular insistencia. En una ignominia solo comparable a los nazis, el Ministerio de Producción de la gestión de Mauricio Macri explicó la falta de recursos del Estado con la misma lógica de aquel régimen. Una propaganda de 2019, acudiendo a datos falsos (imagen 5) muestra a siete personas rubias bien vestidas sosteniendo literalmente con sus brazos a un centenar de morochos, pobres, en su mayoría mujeres, y una leyenda que repite esquemas de antaño: “Un 20% de contribuyentes aportan el 99,4% de la recaudación”. El cuadro suma además datos diferenciados por rango de clase: al costado de los rubios indica cuantos pertenecen al mundo laboral formal señalando “régimen general: 20%”; en la parte superior, donde los morochos solo miran sin ningún esfuerzo, agrega un número astronómico de precarizados: “Informalidad: 30%. Monotributo social: 10%. Monotributo tradicional: 40%”.

En la actualidad, otro Macri (Jorge), intendente actual de la ciudad de Buenos Aires, recorre con su policía municipal y patotas de civil todo tipo de lugares donde los pobres se ganan el pan en la informalidad y las changas. Estos grupos estatales y paraestatales golpean, desalojan, detienen, labran actas de infracción y roban lo poco que tienen estos trabajadores. Sostiene además una campaña publicitaria de carácter higienista, en la que muestra un afiche dividido al medio: en la parte superior, una persona pobre duerme en un banco de plaza; en la inferior, el banco está vacío y un epígrafe anuncia “ciudad limpia”.
Lo viejo y lo nuevo
El ataque del actual gobierno nacional hacia discapacitados, enfermos, ancianos y pobres es novedosamente violento y orgullosamente público, con vilezas lingüísticas de una repetición decadente: “con la tuya contribuyente”, “es un gasto que pagamos todos”, “hay que terminar con los que reciben ayudas sociales” y tantos parecidos más. Un destrato mortal pero también ineficiente, ya que el aporte en medicamentos y ayudas alimentarias es una inversión sobre el total de los cuerpos de una sociedad por innumerables caminos. Sin embargo, esta copia tan precaria de pretéritas gestualidades insiste en que los débiles deben morir por derecho propio y necesidad económica ajena. Pero con una diferencia (entre varias más que no podemos desarrollar aquí): a la par de su pregón genocida, la actual gestión está quebrando en su bienestar a los cuerpos que intenta convencer, subsumiendo todos los ataques, incluso a los propios, a una racionalidad económica imprecisa, en extremo corrupta y profundamente elitista. Quizás por eso no consigue aún que hordas de imbéciles salgan a hacer el trabajo sucio que desea, algo que si lograron los originales. Las hordas que en su momento Mauricio Macri pidió públicamente para terminar con los vestigios del gobierno que lo precedió, anhelo que aparece repetido en Milei y sus “fuerzas del cielo”, por el momento están calladas y expectantes. Una potencia dormida, que solo escucha los ecos de lejanas discusiones de rango donde nadie pretende reorganizar voluntades que se están rompiendo en cada cuerpo de forma individual, más allá del impreciso quiebre colectivo. Esta pulseada define futuros donde se entienda que la medida del bienestar propio es también el bienestar del otro y no el sálvese quien pueda. No sabemos cuán cerca estamos de aquellas etapas de la vergüenza humana, pero podemos percibir una vorágine de sentidos que alguna vez terminaron en quemas de libros y masacres, que transformaron prácticas políticas sobre los cuerpos en relaciones sociales devastadoras.
Notas
[1] Al pie de página aclaraba la fuente: “Lesen Sie ´Neues Volk´. Die Monatshefte des Rassenpolitischen Amtes der NSDAP” (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei). “Lee ´Nuevo Pueblo´. La revista mensual de la Oficina de Política Racial del NSDAP” (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán).
[2] “Sind unter Verantwortung beauftragt, die befugnisse namentlich zu bestinmender Ärzte so zu erweitern, das nach menschilchen Ernessen unheilbar Kranken bei Kritischster Beurteilung ihres Krankheitszustandes der Gnadentod genährt erden kann”. Carta de Adolf Hitler. Septiembre de 1939.




