Estadísticas recientes marcan una tendencia alarmante en el incremento de suicidios entre adolescentes y jóvenes adultos en Argentina, al punto que el suicidio llega a ser la primera causa de muerte violenta, por sobre los accidentes de tránsito y los homicidios.

Se trata de una tendencia sostenida que viene desarrollándose en las últimas dos décadas a nivel regional y lleva a que América sea la única región del mundo donde el suicidio entre adolescentes y jóvenes adultos sigue en alza. Así lo reflejó un estudio publicado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en la prestigiosa publicación médica The Lancet Regional Health, que indicó que la mortalidad por suicidio entre personas de 10 a 24 años en las Américas aumentó de 5,7 a 7,8 muertes cada 100 mil habitantes entre 2000 y 2021.

¿Qué está pasando en Argentina? Desde 2023, el suicidio es la principal causa de muerte violenta del país, y alcanzó en 2025 el nivel más alto registrado desde que existen estadísticas comparables. El año pasado, las muertes por esta causa triplicaron a los homicidios dolosos: 5.209 frente a 1.676, según datos del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) del Ministerio de Seguridad. Se trata de un incremento del 22,6% respecto a la cantidad de suicidios de 2024. De esta manera, la tasa nacional trepó a 11,8 casos cada 100 mil habitantes, muy por encima del promedio mundial de 9,1 informado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además, del total de las víctimas, el 78,6% eran varones, con una mayor concentración entre los 18 y los 34 años.

En base a un reciente artículo del Centro de Datos Chequeado basado en estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación, desde 2022 el suicidio es la principal causa de muerte entre las personas de 15 a 24 años y, en 2024, volvió a ocupar también el primer lugar entre quienes tienen entre 25 y 34 años, algo que no ocurría desde hacía casi veinte años.

Tratar de entender qué hay detrás de estas cifras, que más que números fueron vidas que se perdieron, es urgente para revertir esta tendencia y evitar futuras muertes. Porque si hay algo en lo que los especialistas coinciden e insisten es que el suicidio se puede prevenir. Se trata de un fenómeno complejo y multicausal que opera en distintos niveles, que requiere de un enfoque biopsicosocial que contemple una multiplicidad de factores individuales, biológicos, psíquicos, sociales y culturales que inciden y generan condiciones para conductas suicidas. Según se advierte, hay casos en los que existe un diagnóstico de psiquiatría previo, un proceso mental que venía desarrollándose, y otros en los que no hay una enfermedad psíquica de base que haya condicionado los mecanismos de razonamiento.

Ya a fines del siglo XIX, el sociólogo francés Émile Durkheim advertía en su obra clásica El suicidio (1897) que este acto es un fenómeno social antes que una decisión puramente individual, al analizar estadísticas y establecer que las tasas de suicidio variaban según la fuerza de los lazos de integración -de conexión con el grupo- y regulación, en lo que respecta al control de las normas sociales.

Hablar hoy de esta problemática requiere evaluar los cambios de época, de tiempos y sistemas de creencias y valores que entran en juego en una sociedad hipermediatizada, pospandémica y que, en nuestro país, afronta una crisis económica y social que incide profundamente en los proyectos de vida y visión de futuro posibles.

Adolescencia frustrada: entornos digitales, quiebre de valores y marcos de contención

Poner el foco en adolescentes y jóvenes adultos requiere de análisis distintos, ya que son aparatos psíquicos diferentes influidos por determinantes psicosociales diversos.

“La adolescencia es una etapa de gran labilidad emocional, en la neurobiología, en el sistema hormonal, en la transformación corporal. Está ocurriendo un tránsito desde una etapa donde el adolescente, sus padres y su grupo de referencia eran de una manera, a una edad en donde empiezan un proceso de duelo, de reconfiguración de su propia identidad y muy vulnerable al qué dirán”, explica Esteban Toro Martínez, médico psiquiatra y presidente de la Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA).

Al respecto, la especialista jerarquizada en Psiquiatría y Psicología Pediátrica y expresidenta de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), Liliana Moneta, en su artículo “Entrecruzamiento de factores bio-psico-socio-cultural-familiares y antropológicos que determinarían ‘lo normal’ y ‘lo anormal’ en la  adolescencia”, señala una serie de variables socioculturales de relevancia en la vida de un adolescente que pueden tornarlo aún más vulnerable: “Frente a la violencia social, la inestabilidad económica, la caída de ideales eternos, las adversas condiciones laborales, la crisis familiar, los vaivenes de la sexualidad, la anestesia de los afectos, la disyuntiva entre ‘el hacer’ o ‘el ser’, entre ‘el deber’ y ‘el querer’, el quiebre de figuras y valores significativos infantiles internalizados cuando son confrontados con la realidad exterior cotidiana, la que se muestra de una forma vertiginosamente cambiante e inestable; surgiría entonces el pánico o, en su defecto, aún más terrible, la abulia vivenciada como un vacío sin sentido de tipo existencial”.

A todo ello se suman algunos condicionantes de época: la virtualidad, las redes sociales que impulsan el exitismo, el narcisismo y el individualismo son nuevos factores de presión sobre el terreno de vulnerabilidad que ya transita de por sí un adolescente por el momento de la vida en el que se encuentra. “Estamos en una época de entornos digitales en donde todo se mide en base a lo especular, a lo que está haciendo el otro. Cuando el otro a lo mejor te está mintiendo, te está mostrando algo que no es, y ahí empieza la cuestión de la competencia”, plantea Moneta en diálogo con SANGRRE.

Para enriquecer el análisis, la especialista retoma la noción de “colonialismo subjetivo” del sociólogo francés Pierre Bourdieu e invita a pensar cómo los medios masivos de comunicación –y en la actualidad las redes sociales– van penetrando en las poblaciones jóvenes, sujetos en formación, con una intensidad, simultaneidad y secuenciación paradójica de la información, estableciendo como verdades e ideales situaciones o personas que no condicen con la realidad cotidiana en la que se está inmerso. “Lo que se ofrece como objeto a idealizar trasciende las fronteras de lo familiar, y los relanza indefectiblemente al círculo de búsqueda, donde impera la frustración de tipo narcisista. Desde publicidades hasta influencers que muestran un estilo de vida dirigido a las poblaciones jóvenes que de repente se ofrecen como ideales a seguir y que son posibles para un porcentaje ínfimo de la población, pero que están siendo vistos y están fuera del alcance para la mayor parte de esa población”, subraya.

Al respecto, Toro Martínez reflexiona: “¿Con quién te comparabas antes? Con el vecino, con el compañero de clase o del trabajo. Hoy en las redes sociales hay una plataforma de comparación global de millones de personas y seres humanos que, frente a la exposición de opulencia y aparente felicidad, padecen un sentimiento de insignificancia, insuficiencia y frustración notables”.

Otras causas vinculadas a los suicidios entre los adolescentes son los casos de abuso, el consumo problemático de sustancias, la creciente violencia simbólica, el bullying y ciberbullying. Según explica Moneta, “lo que está viéndose, fundamentalmente, son los altos niveles de violencia simbólica que penetra con efectos muy profundos en la personalidad, así como el hostigamiento grupal persistente, que es otro de los factores que puede ser causal de suicidio. Cuando empiezan a bulear un chico y lo excluyen, empieza a sentir que él es el problema y se pone mucho más agresivo. Del otro lado, lo tildan de agresivo y lo siguen excluyendo, formando un círculo vicioso”. La especialista también subraya la problemática de los abusos, ya sea en ámbitos intrafamiliares u otros entornos, que generan cuadros de estrés postraumático que pueden desencadenar conductas suicidas.

Ambos especialistas consultados coinciden en señalar cómo, en la actualidad, el debilitamiento creciente de marcos contenedores sólidos y concretos, como la familia, la escuela y ciertos espacios comunitarios, como los clubes deportivos y sociales, en paralelo a un auge de entornos virtuales, procesos que se vieron intensificados con el aislamiento vivido durante la pandemia de COVID-19. “Durante la pandemia ocurrieron cosas que precipitaron la aparición de sufrimientos psíquicos no esperables para la edad, para el curso de la vida de los jóvenes, como ansiedad, ataques de pánico, depresión y aislamiento”, señala Toro Martínez. Según Moneta, comenzó a difuminarse aquello que sostenía una cotidianidad y una proyección a futuro y, en su lugar, a instaurarse el principio de incertidumbre: “aquello que estaba agarrado con alfileres se empezó a caer. Al perder ese anclaje, que es el que le da el sentido a la vida, empezaron a aumentar las tentativas de suicidios”.

En tal sentido, persisten numerosos interrogantes abiertos y con necesidad de investigación acerca de cómo impactaron (y siguen impactando) los condicionamientos de la pandemia en quienes fueron niños en aquel entonces y hoy son adolescentes, así como en quienes atravesaron parte de su adolescencia durante 2020-2021 y hoy son jóvenes adultos.

Jóvenes adultos: La angustia de un futuro que no llega

Las estadísticas relevadas señalan un incremento marcado de suicidios en el grupo etario de jóvenes adultos de hasta 34 años. Consultado al respecto, Esteban Toro Martínez subraya la importancia de “los determinantes psicosociales donde aparecen las dificultades de esta época vinculadas al horizonte de realización personal y las enormes dificultades que un joven tiene hoy por delante”.

“Las épocas y las culturas te van dando un nuevo factor de presión sobre lo que podría ser un diagnóstico que transcurre de manera estática. Probablemente, si yo diagnostico un paciente con depresión, al ver desgano, tristeza, más otra serie de síntomas, hace treinta años los diagnosticaba igual que ahora. Sin embargo, lo que cambian son las condiciones del contexto: pobreza, desocupación, falta de empleo, falta de horizontes, disturbios en las relaciones interpersonales, soledad y factores propios de este tiempo, como la vivencia de insuficiencia, la competencia, la inmediatez, alcanzar un éxito que, en otro momento, la juventud sobre todo, miraba como una carrera de mediano plazo”, argumenta el presidente de APSA.

Si hablamos de contexto económico adverso y falta de proyección, las cifras son elocuentes. Este universo de jóvenes debe insertarse en un mercado laboral cada vez más precarizado: según datos del CEPA, entre 2024 y 2026 se crearon 603.600 empleos no registrados, en tanto que se perdieron 246.000 puestos de trabajo formales. Si vamos a los datos oficiales publicados por el INDEC a fines de junio en su Encuesta Permanente de Hogares, la informalidad laboral trepó en la actualidad al 44,2%, contra el 55,7% de los trabajadores formales, la primera con un aumento de 2,2% con respecto al mismo trimestre del año anterior. En la medida que la remuneración laboral en muchos casos no alcanza para cubrir los gastos personales o familiares, el pluriempleo es una realidad que abarca a sectores cada vez más amplios de trabajadores, profesionales y no profesionales. Los datos oficiales del INDEC dan cuenta de 1,6 millones de personas con más de un empleo, lo que representa el 12,2% de las personas ocupadas. En el otro polo, el desempleo, que fue del 7,8% en el primer trimestre de 2026, en el caso de menores de 30 años trepa al 15,5% en las mujeres y al 14,6% en los hombres. Del total de desocupados, el 31,8% mantiene un periodo de búsqueda de empleo superior al año, siendo que el 78% de las personas tenían una ocupación anteriormente.

Otro indicador que genera angustia es el nivel también ascendente de endeudamiento que atraviesan millones de argentinos. Según un informe de Instituto Argentina Grande (IAG) publicado el pasado 21 de julio en base a datos oficiales del Banco Central, 3,6 millones de personas tienen una línea de crédito “irrecuperable”, es decir, con atraso en su pago de un año o más, y representan el 17% de los deudores totales del sistema. La característica de la mitad de estas deudas es que son pequeñas, de 309 mil pesos o menos, utilizados para pagar servicios o llegar a fin de mes. Otro dato revelador que aportó el informe del IAG es que los jóvenes son el sector más complicado: 1 de cada 4 morosos incobrables tiene entre 15 y 29 años, lo que representa un incremento del 87% en un año.

Ante la falta de estabilidad y trabajos precarios sin derechos, “la meta” se vuelve el sufrimiento cotidiano de llegar a fin de mes –mes tras mes– y algo tan básico como tener un ahorro o proyectar acceder a una vivienda propia e independizarse del hogar de los padres se convierte mucho más en una quimera que en una realidad posible.

Inversión en salud mental ¡afuera!

Mientras el aumento de los suicidios es un dato concreto e insoslayable, el gobierno actual recorta y subejecuta el presupuesto que debería ser destinado a salud mental. En términos legales (según la ley 26.657), el área debería recibir al menos el 10% del presupuesto sanitario, pero para 2026 la asignación prevista representa solo el 1,42%. Según el informe “Inversión en salud mental: sin recursos para cumplir la ley” de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), el recorte en programas de salud mental es del 42%, entre lo ejecutado en 2023 y lo ejecutado en 2025, y redunda en uno de los niveles presupuetarios más bajos de la última década.

Entre los recortes en los programas de salud mental a nivel nacional, el más alarmante es el que recayó sobre “apoyo y promoción de la salud mental”, la única línea del Ministerio de Salud que tiene la finalidad específica de implementar la Ley de Salud Mental y fortalecer los abordajes comunitarios, y que prácticamente quedó eliminada con un recorte del 98%. Desde ATE Capital se alertó, a través de un comunicado el pasado 21 de julio, sobre la emergencia en el sector. El gremio subraya que el hospital especializado en salud mental y adicciones Laura Bonaparte sufrió una quita del 55% con respecto a 2023.

Al respecto, Liliana Moneta puntualiza: “Los consultorios están llenos, y más en lo que se trata de la especialidad infantojuvenil, un área en la que hubo una gran reducción en los últimos años y donde somos, a lo sumo, con fuerza, quinientos y pico en todo el país. Hay muchas ganas, pero no hay presupuesto, no hay recursos, se están vaciando los hospitales de psiquiatras”.

¿Qué hacemos? El rol fundamental del abordaje integral

Con más de cuarenta años de trayectoria en el área, Moneta sostiene que es prioritario concientizar sobre la importancia de la salud mental e invertir en políticas intersectoriales, transversales que abarquen no solamente la salud, sino también otras áreas, como educación. “Se necesita formar agentes e implementar programas, para hacer una detección temprana y poder intervenir a tiempo. Los suicidios se pueden prevenir, hay señales, síntomas, que son detectables; pero, para eso, hay que facilitar el acceso a los servicios de salud mental, se necesitan recursos para poder trabajar de manera interdisciplinaria y desterrar ciertos mitos del tipo ‘de esto no se habla porque se puede incentivar el suicidio’. Al contrario, la persona necesita hablar, necesita comprender”, explica.

En coincidencia, Toro Martínez destaca que “la problemática del suicidio es una de las áreas en la salud mental donde más se necesita un abordaje interdisciplinario, miradas que se nutran, para hacer un abordaje integral”. Y detalla: “Si queremos revertir la tendencia del suicidio de jóvenes, tiene que haber programas específicos con profesionales y dinero para esto, en lo que hace no solo a detectar si el joven está teniendo algún diagnóstico en el campo de la salud mental de depresión, adicciones o si está teniendo fantasías o planes de suicidio, sino también poder ver qué pasa con el entorno familiar, qué disfunción hay, cómo está la entrada al sistema laboral. Y ahí salud y el sistema educativo tienen que trabajar de la mano”.

Además, remarca: “Si pensamos en un abordaje sanitario y educacional de lo preventivo, tenemos que trabajar con grupos de adolescentes, con grupos de pares, además de trabajar con las familias y las instituciones. La salida es a través de lo grupal, de los lazos, de lo comunitario: hay que fomentar la red entre pares”.

Donde el Estado no llega, aparece la comunidad: el caso del club Deportivo Luján

El trabajo silencioso y a pulmón que se hace en muchos barrios de todo el territorio nacional resulta clave ante el contexto económico y social acuciante. En diálogo con SANGRRE, la psicóloga social Aurelia Martínez da cuenta de la experiencia que se desarrolla en el club de barrio Deportivo Luján, de San Salvador de Jujuy. Allí se creó el programa “No te olvides que viniste a jugar”, con el objetivo de fortalecer el rol del club como agente de salud comunitaria e integrar la perspectiva psicosocial al ámbito deportivo. Para ello, se creó un Departamento Psicosocial, encabezado por Martínez, integrante de “Claramente, Psicología Social Aplicada al Deporte”, colectivo que viene desarrollando desde 2024 actividades en el club. “Es el primer club que en nuestra provincia apostó a la salud mental. Creamos un espacio de escucha, de contención, damos talleres y armamos grupos operativos para contener a los chicos que vienen a veces con mucha angustia por situaciones en las familias, padres que se han quedado sin trabajo y otras problemáticas de salud mental. Los chicos se sienten seguros, porque es confidencial lo que hablamos, y si la situación es muy compleja se hace la derivación correspondiente”, relata Martínez.

La iniciativa, impulsada por el presidente del club, Hugo Peñaloza, incluye la firma de convenios con psicólogos clínicos para que, ante casos de mayor complejidad, los chicos que necesiten una derivación y no tengan los recursos puedan acceder a la atención, haciéndose cargo el club de los gastos. “Los clubes han tomado un papel muy importante en los barrios, porque contienen a los chicos: con el aumento de las adicciones, las problemáticas severas que estamos viendo relativas a ideación suicida, el deporte es fundamental. Por eso decidimos sumar este espacio de escucha, contención y orientación”, concluye Martínez.

Si vos o alguien que conocés está atravesando algún problema de salud mental, comunicate gratis desde todo el país al (011) 5275 1135 o las 24 h al 0800 999 0091.