“Ahora imagino que…”

Me acabo de despertar y se me parte la cabeza. Tengo la sensación horrible con la que me acosté hace unas horas. Manoteo la cartera que use ayer y me tomo un Actron. Vomité. Vomité dos veces: primero en el bar y después cuando hice parar el auto a Plasma que me trajo a casa.

Cuando llegué al lugar me sentía genial. El pantalón negro, los borcegos, la camperita roja; me hacían más flaca. Más que los 63 kilos actuales. Le dije al de la puerta que estaba en la lista del cumpleaños, que me estaban esperando. El arreglo que había hecho el Ruso era una picada para veinte personas y varias consumiciones para cada uno. Ya estaban él, Tamy y algunos más del Jagüel.  Al rato llegó Plasma. Le pregunté por Rodrigo y dijo que venía más tarde.

Empezamos a comer: salame, queso, mortadela, papitas, aceitunas. Estaba rico, normal. La cerveza era artesanal; yo me pedí una roja. Empezó a sonar una banda, “Más que uno” se llaman y a la bajista le veo cara conocida del laburo. Lo vi entrar a Rodrigo. Lo vi entrar con una chica. Una chica flaca, linda, con flequillo. Miré para otro lado, para la barra y pedí otra birra. Llegaron a la mesa. “Jessi, Camila”, nos presentó y se sentaron. Me puse a hablar con Plasma sin parar, casi sin escucharlo, de espaldas a Rodrigo. No pude comer más, sentía un nudo en el estómago. De vez en cuando los miraba: no paraban de hablar entre ellos, de reír. Conozco ese ritual, lo conozco de haber visto cómo otras personas se gustan y se enamoran. Plasma siguió hablando de Lanús, del trabajo en el ministerio, Camila era compañera de los dos. Yo tomaba sin parar mientras sostenía una sonrisa, no sé cómo. Al menos él no tenía que pensar que era una idiota que estaba pendiente de los otros. Todas las ideas sobre Rodrigo y yo se tenían que volver irrecordables. Para todos y especialmente para mí. Era lo único que quedaba por hacer.

Fui al baño. Caminaba mientras desarmaba el gesto de imbécil que debería tener para todos. Cada paso que daba, cada golpe de bombo, caía un poco más. Camila era la causa por la que nunca nos habíamos visto cuando le propuse juntarnos después del trabajo. Era con la que viajaba en el tren hasta Lanús y el hecho por el que cada vez me mandaba menos mensajes. Sería con la que pensaba ir a ver a La Renga a Huracán. Estaba ahí, Camila. Adelante mío todo el tiempo. ¿En qué momento dejé de ver? ¿Cuándo dejé que mi deseo invada todo, se monte sobre la realidad y la tape?

No me acuerdo mucho más que de esa sensación horrible. Ok, ponele que yo fantaseé, que me obsesioné por ser otra, una que entrase sin problemas en el exacto lugar donde Rodrigo me iba a ir a buscar. Pero tampoco existe ya aquel otro mundo que conocía antes de entrar a trabajar en el Centro, de conocerlo a él y a mis nuevos compañeros, a las chicas de pilates, de comer porciones de pizza parada y usar tarjetas de acceso y de descuentos. Yo cambié. Lo empecé a notar hace un tiempo, cuando tengo que ir a tomar el tren, cuando empiezo a retrasarme para volver al Jagüel. Mi barrio parece un lugar olvidado, volver me pone triste.

Me acuerdo la última vez que fui al baño con Tamy, todo daba vueltas. No podía enfocarme para caminar. Ya había terminado la banda, el Ruso había apagado la velita, Plasma había comprado champagne, me convidaba, y en la segunda botella perdí el control. Se dio cuenta. Cuando salí del baño después de vomitar nos estaba esperando, me miró un instante y sonrió lindo: “¿te llevo a tu casa?”

El dolor de cabeza no para. Como si fuera poco, Rodrigo me escribió un wasap: “Todo bien? No vi cuando te fuiste…”. Era respuesta a un mensajito mío que mandé desde el patio del bar antes de darme vuelta: “¿Dónde estás?”. Apenas me había hablado cuando lo encontré en la barra comprando cerveza, y se volvió rápido cerca de Camila con cualquier excusa. Estaba enojada. Ahora imagino que se fueron juntos. Ahora imagino que pasó la noche con ella y es  feliz, tan feliz… Clavé el visto sin contestar. Cualquier cosa que diga es penosa.

No estoy preparada para esto. Mi mamá se asoma para que vaya a almorzar. Llueve y estoy en casa. A la tarde voy a jugar con los chicos a la Play.

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