Al angustiante resultado de la primera vuelta no le siguió el letargo ni la apatía; por el contrario, la campaña del PT cambió radicalmente y se potenció en todo el territorio con nuevos bríos, y Lula, agigantando aún más su leyenda, se cargó al hombro la esperanza.

Lula, el último dique de contención ante la extrema derecha en Brasil, ganó la segunda vuelta, incluso con cierta holgura para los parámetros de polarización que daban las encuestas y que vienen siendo habituales en Latinoamérica. Aún más, rompió el constante “los oficialismos pierden”.

Con casi el 100 por ciento escrutado, Lula obtuvo el 51,79 por ciento de los votos contra el 48,21 de Flávio Bolsonaro. Entre el primer y segundo turno, sumó más de 10 millones de votos. La segunda vuelta tuvo mayor participación que la primera y la abstención pasó de 21 al 19 por ciento, es decir, se sumaron a la contienda casi tres millones de personas. Además, hubo reducción de votos nulos y blancos, y sacó una ventaja entre quienes votaron por opciones en la primera vuelta.

En un discurso de aproximadamente veinte minutos, el presidente electo de Brasil agradeció especialmente a la juventud y a las personas mayores y enfermas que se esforzaron en llegar a votar en favor de la democracia brasilera. “Estas elecciones”, dijo, “me enseñaron muchas lecciones. Puedo garantizarles que cambiaremos la forma en que gobernamos este país. Quiero decir que vamos a hacer que la gente participe más en nuestras decisiones. Quiero decirles que la comunicación digital ganará un espacio muy grande (…) Ahora hablaré mucho más con el pueblo brasilero muchas veces por día. No puedo seguir permitiendo ser interpretado por la prensa. Voy a decir lo que pienso”. Recordó que tiene que “gobernar para los 115 millones de brasileros” y cerró: “quiero comprometerme delante de la prensa y ustedes, les prometo que haré el mejor mandato que un presidente haya hecho jamás para el país que todos sueñan”.

Esta es una noticia de peso mundial. Brasil, entre las diez economías del mundo, 216 millones de habitantes, la locomotora de Sudamérica, representa hoy para la región un freno a los que soñaban un mapa todo neoliberal, como en los años noventa, y hoy pretendían pintarse de fascismo. Esa es la magnitud de la batalla que ganó Luiz Inácio Lula da Silva, fiel a su historia de líder sindical que sobrevivió a todas las contingencias. Este nordestino será por cuarta vez presidente. Un hito en la historia de Brasil.

Durante la jornada, el bolsonarismo apeló a las mismas artimañas de 2022 para evitar que en regiones lulistas la gente vaya a votar, y otra vez redujo en diferentes distritos el transporte público en un 40 por ciento. La Corte Suprema actuó rápido y prorrogó en dos horas el cierre del horario de votación. Automáticamente, la derecha regional salió a gritar fraude: no les gusta que el pueblo vote si no es por ellos.

El presidente argentino Javier Milei dio la nota antidemocrática, negándose a felicitar al ganador, a diferencia de como sí lo hicieron otros mandatarios de derecha como Keiko Fujimori (Perú), José Antonio Kast (Chile), Rodrigo Paz (Bolivia), Daniel Noboa (Ecuador) y Santiago Peña (Paraguay).

Lula iniciará su último mandato en enero próximo con un doble desafío: el de gobernar y el de garantizar un sucesor para 2030. El PT debe sí o sí renovarse, dar pasos a nuevos liderazgos, valorar el accionar juvenil estás tres semanas y romper el cordón umbilical con su padre fundador.

El otro gran desafío está en el Congreso, con el bolsonarismo con una fuerte bancada en ambas cámaras y otras expresiones de derecha o centro con capacidad de maniobra. Lula deberá hacer múltiples acuerdos para garantizar gobernabilidad.

Pero hoy la noticia es otra: es Lula, ya sin duda el líder histórico más importante de Brasil y Sudamérica. Un héroe de la clase trabajadora que se cargó la batalla contra el fascismo y les arruinó la fiesta a los trumpistas locales y al propio Donald Trump, que ya se preparaba para vanagloriarse por una nueva victoria “gringa” en su “patio trasero”.

Lula ya es leyenda, y lo hizo de nuevo.