El martes pasado, la Cámara de Diputados comenzó a discutir la Ley de Defensa de la Soberanía enviada por el Poder Ejecutivo, un proyecto de “ley ómnibus” que, bajo la fachada de la discusión de la soberanía sobre Malvinas, propone la creación de un Consejo de Seguridad con facultades extraordinarias y un marco normativo en sintonía con el Escudo de las Américas propiciado por Estados Unidos para nuestra región. Todo ocurre la misma semana donde la Corte Suprema falló para eliminar todo límite a la venta de tierras rurales a extranjeros, para salvar a un gobierno que perdió el debate en el Congreso y con la sociedad.
Aunque festejada en embajadas extranjeras, la decisión de la Corte derivó en una marcha hoy frente a los tribunales y una movilización el 15 de octubre, cuando el Congreso trate la nulidad del Decreto 70/23 que dejaba sin efecto la Ley de Tierras. Ni el proyecto de Ley de Defensa Soberana ni la decisión de los cortesanos puede leerse por fuera de un contexto regional en el que la escalada de intervención de Estados Unidos incluye el secuestro del presidente de Venezuela en enero hasta, en los últimos días, el encarcelamiento del fiscal general de Bolivia que investigaba las tareas de Fernando Cerimedo y su interferencia en las elecciones regionales.
Con este panorama, fuimos a conversar con Alicia Castro, cuya trayectoria nos permitió dialogar sobre la cuestión Malvinas, el proyecto de ley del Ejecutivo y la doctrina de Seguridad Nacional, y las implicancias regionales e internacionales de las acciones del gobierno argentino. Iniciada como delegada en su trabajo de tripulante de cabina para Aerolíneas Argentinas, Castro llegó a ser secretaria general de su gremio y parte central del MTA que enfrentaba las políticas neoliberales en épocas de Menem, diputada nacional, entre 1997 y el 2005, embajadora argentina en Caracas entre 2006 y 2011 y en Londres entre 2012 y 2015. Su diagnóstico del presente incluye lecturas del contexto geopolítico, pero también ofrece elementos para pensar formas necesarias de profundización de las convicciones ante las crisis globales.

En los últimos días, planteaste una definición por el tema Malvinas en relación con la reactualización de Milei de la doctrina de Seguridad Nacional, en base al proyecto de Ley de Defensa de Soberanía Nacional que envía al Congreso dándole el marco de “pelea soberana” de las islas. Al respecto, queríamos hacerte dos preguntas. Primero ¿qué consecuencias concretas acarrearía este Consejo de Seguridad que propone el proyecto, en un país como el nuestro que hace solo cincuenta años vivió un genocidio? Y en el mismo sentido, ¿cuáles son los elementos que te parecen más alarmantes de estos anuncios?
Cuando escuché los anuncios intempestivos de Milei respecto a Malvinas, me pregunté por qué los hacía, si es un admirador de Margaret Thatcher que, desde que asumió, por acción u omisión está favoreciendo al usurpador británico; tanto, que nosotros hemos iniciado uno de los siete pedidos de juicio político a Milei por la cuestión Malvinas. Por ejemplo, una de cosas más obvias ha hecho a favor de la de la ocupación británica es el acuerdo Mondino-Lammy, entre quien fuera su canciller, Diana Mondino, y el canciller británico David Lammy, el cual reedita y profundiza el acuerdo Foradori-Duncan que se firmó durante el gobierno de Macri. Un acuerdo vergonzoso, porque recordemos que el vicecanciller [Carlos] Foradori, según consta en las memorias del propio exministro de Relaciones Exteriores británico [Alan] Duncan, firmó ese acuerdo totalmente borracho. Yo tengo ese libro, donde dice que el vicecanciller argentino se emborrachó en la embajada británica en Bueno Aires y al día siguiente llamó y preguntó qué había firmado. El acuerdo Mondino-Lammy profundiza, entonces, el de Foradori-Duncan y la Argentina se compromete a eliminar todos los obstáculos para el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las islas, en particular en lo referido a hidrocarburos, pesca, transporte y navegación. El acuerdo del gobierno de Milei incluye, por ejemplo, que la Argentina va a brindar los datos estratégicos sobre la pesca, que es lo que permite la depredación por parte de los británicos en las Malvinas.
Son muchas las acciones y omisiones, solo voy a mencionar una más, porque es gravísima. Ocurre cuando Milei en el monumento a Malvinas, el 2 de abril del año pasado, dijo que esperaba que los habitantes de las islas decidan “votarnos con los pies a los argentinos”. Eso no lo hizo ningún presidente ni funcionario en la Argentina, porque implica reconocer el derecho de libre determinación de los isleños. Y los isleños tienen muchos derechos, pero no hay que confundir derechos con deseos: no es un pueblo indígena, un pueblo originario que haya sido colonizado, al contrario, es un pueblo implantado. El Estado argentino que estaba administrando Malvinas en 1833 sufrió un ataque, una toma por la fuerza de Gran Bretaña. Entonces, nunca Naciones Unidas le reconoció el derecho a la libre determinación de los isleños y no son tampoco una tercera parte en la disputa. La resolución 2065 de las Naciones Unidas, que fue un éxito del canciller [Miguel Ángel] Zavala Ortiz, de la diplomacia durante la presidencia de [Arturo] Ilia, reconoce que hay una controversia de soberanía entre Argentina y Gran Bretaña e insta ambas naciones a resolverlo en forma pacífica, diplomática y permanente. Sin embargo, Milei le reconoce con esa frase el derecho a la libre determinación, lo cual es gravísimo.
¿Te parece que es improvisación o hay una intención manifiesta?
Creo que los británicos le escriben lo que dice, creo que le hacen hasta las minutas, porque votar con los pies, “to vote with the feet”, es algo que se dice en Gran Bretaña, nosotros no decimos eso. “To vote with the fit”, votar con los pies, es un sinónimo de cuando vos te movés, por ejemplo, de un partido político a otro, de un lugar a otro y eso muestra un cambio de actitud y opinión.
Entonces, esta persona, que firma con el pacto Mondino-Lammy una escritura de la entrega de los hidrocarburos, de la pesca, del transporte y de la navegación, y reconoce la libre determinación de los isleños, que es el argumento que usa el Reino Unido para sostener como propio ese territorio marítimo de ultramar, ¿de repente se transforma en un soberanista exaltado?
Lo que advertí el mismo día que estaba hablando es que usa ese proyecto de ley, que presenta con un estilo de Galtieri trasnochado, como un caballo de Troya, como una estrategia de engaño para reintroducir la doctrina de Seguridad Nacional. La doctrina de Seguridad Nacional es, como sabemos, una doctrina introducida por los Estados Unidos en la década de 1960, después de la Revolución Cubana, según la cual el enemigo es interno. El mundo se divide en dos, Occidente versus comunismo, si no estás con Occidente, estás contra Occidente; y el enemigo está dentro del país, el comunismo se puede infiltrar en escuelas, universidades, villas, instituciones religiosas, como sostiene Milei todo el tiempo. Como la amenaza es interna, el Ejército ya no tiene que defender la frontera, tiene que limpiar el país. Esto es lo que justifica los golpes de Estado, las desapariciones, porque es una “guerra”, aunque no veas los uniformes enemigos. Y en Argentina, como sabemos, esta doctrina fue la base ideológica de la de la dictadura, donde el enemigo interno era el “subversivo”. Ahora para Milei, el enemigo interno es el comunista, el zurdo. Hoy ya no se usa oficialmente la doctrina de Seguridad Nacional, fue reemplazada por la doctrina de Seguridad Pública, según la cual la amenaza es el narcotráfico y el delito. Creo que lo que Milei quiso hacer es introducir este Consejo de Seguridad que propone en su proyecto de ley, integrado por el Ministerio de Seguridad, el Ministerio de Defensa, el Ministerio de Economía y la Cancillería, para extender la vigilancia interna y, eventualmente, la represión y la persecución. Creo que es un enorme peligro para los argentinos y las argentinas.
Sumemos a esto el momento. Estamos todos presenciando un genocidio en Palestina, en el Líbano, en Cisjordania, que desde el 3 de octubre de hace tres años lleva asesinados 70 mil civiles, de los cuales 22 mil son niños, y particularmente periodistas, médicos, profesores universitarios. Están buscando la destrucción de Palestina. Están haciendo una limpieza étnica. No es nueva, pero es la primera vez que se presencia un genocidio a través de las redes. Vimos a Netanyahu en las Naciones Unidas: es como si hubiéramos visto a Hitler en los años treinta o cuarenta. Milei dijo, en el ámbito de la Conferencia, que Netanyahu es un ejemplo y agregó que “Argentina es la tierra prometida”, un concepto de índole religiosa. Hay que distinguir claramente entre la religión judía y el sionismo, aunque el sionismo utiliza el mote de “antisemita” a cualquiera que se oponga al genocidio. Creo que estamos frente a un peligro de persecución, de represión y de israelización de la Argentina.
Todos estos peligros que tiene el caballo de Troya, como bien vos llamás al proyecto de ley del gobierno, sirve para abarcar puntos muy sensibles de la democracia argentina. Por un lado, todo lo que tiene que ver con una nueva tipificación penal, esto que decís del terrorismo. Además, todas las alertas que se ponen sobre el riesgo que corre la libertad de prensa, varias instituciones salieron a advertir que todo lo que mandaron del Consejo de Seguridad contradice al Código Penal, todo lo que puede ser defensa, economía, inteligencia, diplomacia. En realidad, es una amalgama de cuestiones que trae este caballo de Troya y que nos pone ante una alerta democrática. Con tu saber nacional, diplomático, ¿creés que hay posibilidades institucionales de armar una trama para discutir esto? Porque el factor Malvinas desde el trapo en el Mundial de Fútbol se volvió algo en plena puja. ¿Puede existir algún dispositivo institucional, judicial, administrativo, legal que pueda ir frenando o poniendo el aviso de incendio de lo que está pasando?
Creo que lo que pasa es que Milei cuenta con Trump, y Trump cuenta con estos aliados que tiene en la región. En Colombia, en Perú, en Chile, la invasión a Venezuela, que la usa como un ejemplo de lo que puede pasarle a cualquier país de América Latina que no siga sus objetivos, sus deseos. Ahí es donde se asientan sus capacidades para un nuevo Plan Cóndor de represión regional.
Si hay algo que se le pueda oponer, que es lo que vos me estás preguntando, es una respuesta que no puedo dar sola. Es una pregunta muy oportuna, que nos tenemos que formular todos en este momento: las instituciones públicas, religiosas, las agrupaciones políticas, las iglesias. La respuesta que podamos dar, obviamente, tiene que ser conjunta, no puede ser personal: ni siquiera basta que la hagan los y las dirigentes políticos más relevantes, aunque también sería oportuno que se estén haciendo la pregunta. Como tendrían la responsabilidad, que no están asumiendo en su gran mayoría los y las dirigentes políticos, de hablar sobre el genocidio. El negacionismo del genocidio es como el negacionismo de la dictadura argentina: no tiene solo como objetivo reivindicar o liberar a los represores, a los genocidas; lo más preocupante es demostrar que pueden instalar un escenario parecido a la dictadura cívico-militar, donde puedan ocurrir los mismos crímenes y quedar impunes. Por eso es tan problemática la situación de la justicia en Argentina: porque el problema de la impunidad es un problema central y es lo que trae tanta desesperanza.
Más allá de la cuestión interna, dejando de lado este objetivo de la Seguridad Nacional, el objetivo interno hacia la Argentina, ¿cuáles fueron las reacciones o las consecuencias (regionales, globales) de estas expresiones con tono bélico que quiso imprimir Milei a su discurso?
Milei recitó la Constitución Nacional, que manda al Estado a procurar la administración soberana en las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur, espacios marítimos circundantes. Repitió la resolución 2065, que admite la controversia en el seno de las Naciones Unidas, y habló como si estuviera creando las sanciones para las empresas que exploren y exploten petróleo en la plataforma argentina cuando esto ya existía. Es la ley Pino Solanas de 2011, que en 2013 modificó el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, la ley 26915. La primera ley, la de Pino Solanas, establece que una empresa no pueda explorar ni explotar el hidrocarburo sin el permiso del gobierno argentino; y la modificatoria de 2013 impone sanciones muy severas a las empresas que incumplan o que hagan exploraciones y explotaciones clandestinas. Les impone sanciones de prisión de hasta diez años, incautación de los equipos, inhabilitación permanente, la imposibilidad de explorar o explotar en Argentina territorial si lo hacés en las islas Malvinas, etc. Yo era embajadora en 2013 cuando salió la modificatoria de la Ley, nosotros mandamos cientos de cartas a distintas corporaciones, empresas, a los accionistas, a los bancos, tuvimos respuestas muy concretas. Por ejemplo, un altísimo ejecutivo de British Petroleum vino a verme a la embajada para asegurarme que ellos no tenían ninguna intención de operar en Malvinas y que eran respetuosos de la ley argentina.
Entonces, Milei no está inventando absolutamente nada. Pero en el Reino Unido, que no se reían de Cristina Kirchner, se rieron de Milei. Cristina era creíble porque era una presidenta malvinera comprometida con la causa, y además durante los gobiernos Kirchner se había logrado que Malvinas dejara de ser una causa nacional para ser una causa regional y una causa global. Tuvimos en esa época muchísimas adhesiones a nuestro reclamo. Pero de Milei, por ejemplo, hasta personajes como Boris Johnson (ex primer ministro británico a quien Milei hizo saludar desde el balcón de la Casa Rosada, los dos personajes bastante ridículos) se burlaron. Boris Johnson dijo que lo de Milei no representa ninguna amenaza porque es anglófilo, admirador de Margaret Thatcher y lo hace para ocultar los problemas que tiene dentro del país. Lo cual también es un objetivo de este anuncio.
Pero a nivel institucional los británicos se vieron obligados a responder. Milei no tiene la menor idea de nada, en general, pero cualquiera que conozca geopolítica o que conozca a los británicos y su imperio de mil años sabe que tienen respuestas sofisticadas e inmediatas para una bravuconada de ese tipo. A nivel institucional respondieron fortaleciendo a las empresas petroleras, porque el gobierno central apoya al ilegítimo gobierno de las islas Malvinas para que extienda las licencias a las petroleras por cinco años prorrogables a dos años más.
Además, han resuelto un aumento en el presupuesto del equipamiento de la base militar que tenemos en las islas Malvinas, que es la base militar más grande del Reino Unido fuera del Reino Unido, que tiene buques de guerra, aviones de combate, tanques, misiles y hasta un submarino nuclear. Y hay –dependiendo de la época– entre 1500 y 2000 efectivos británicos en la base. Los británicos, cuando ocurren cosas como estas, hablan de la posibilidad de una invasión argentina a las “Falkland Islands”. Suena absurdo, pero es lo que dicen. Yo he presenciado debates en el Parlamento donde hablan de una posible invasión de Argentina a las “Falkland Islands” y para prevenirla aumentan el presupuesto y el equipamiento de la base militar. Ese es, entonces, el segundo logro de Milei.
Y el tercero es multiplicar los conflictos. Es decir, un conflicto de naturaleza bilateral entre dos Estados ahora es la arena de un conflicto internacional, multilateral, donde empezó a jugar Trump para competir con China o presionar al Reino Unido a hacer una mayor inversión en la OTAN. En las Naciones Unidas, cuando le preguntaron a Trump cómo le fue con el Reino Unido, dijo que muy bien como siempre, que hablaron de todo, incluso de las “Falklands” y estuvo muy bien.
Un poco como lo que le pasó a Galtieri en 1982 pensando que Estados Unidos iba apoyar a la dictadura argentina, confiando en que esa alianza Estados Unidos-Reino Unido se iba a romper, cuando hay también un interés estratégico sobre el sur Atlántico-Pacífico.
Pensemos que en el siglo XVIII, cuando Lord George Anson divisó las islas, dijo que “estas islas en tiempos de paz nos proveerán de todo lo que necesitemos y en tiempos de guerra nos harán dueños de los mares (masters of the seas)”. Una visión extraordinaria, porque, claro, Gran Bretaña concibe su poder en el mar, ha dominado distintas partes del mundo desde una isla, no como nosotros que pensamos siempre en el territorio, aun siendo un país marítimo. Pero ese interés estratégico, geoestratégico de establecerse en la confluencia de los dos océanos y ser la puerta de entrada a la Antártida es muy importante. Crece además con el tiempo ese acceso a la Antártida en un mundo superpoblado, con calentamiento global y una base militar se vuelve fundamental.
Entonces, hay que ejercer presiones diplomáticas muy variadas y que tengan además una integralidad, donde no sirve –como hace Milei– estar peleado con todos los países de la región. Porque, así, los países de la región no cumplen con los acuerdos del Mercosur, entre los que se encuentra defender la soberanía de la Argentina en Malvinas, no propiciar vuelos de terceros países, etc.
También está la cuestión de lo de los recursos naturales. Por ejemplo, nosotros advertimos –tanto, que el Times, The Guardian, reprodujeron nuestra preocupación– que una filtración de petróleo en una plataforma en el mar puede ser un desastre ecológico como el que hubo en el Golfo de México. Venimos haciendo hincapié en la preocupación de todos los países de la región frente al peligro potencial de un derrame de petróleo en el Atlántico Sur como consecuencia de operaciones que carezcan de una estructura de apoyo en el continente capaz de reaccionar eficazmente ante un accidente de este tipo. Es decir, un derrame en una plataforma como la de Sea Lion, la que empiezan a explotar ahora, podría alcanzar el continente en dos semanas. Esto sería realmente desastroso.
Mencionabas a la OTAN. ¿Qué rol ocupa en la estrategia de Trump y su negociación con el Reino Unido, como vimos durante la reunión en la ONU? ¿Cuál es la relación con las acciones de la base que hay en las islas?
La base en las islas es una base del Reino Unido. Pensemos que Trump, por ejemplo, está hablando ya de Malvinas como un acervo propio, está hablando de Malvinas como si fuera un activo de los Estados Unidos, y tenemos esta base militar del Reino Unido en nuestra Malvinas que está a disposición de la OTAN. Es una base militar de donde se lanzan misiles en el Atlántico Sur contra la Argentina, se hace un ejercicio por lo menos una vez al año –y participa el Comando Sur estadounidense junto con el Reino Unido de estos ejercicios– cuya hipótesis de conflicto es la Argentina.
En ese escenario, también es central otro error importante del actual gobierno argentino, que no tiene en cuenta que hay sensibilidades muy diferentes en las cuatro naciones del Reino Unido respecto de la cuestión Malvinas. Nosotros decimos “el que no salta es un inglés”, pero recordemos que el Reino Unido está constituido por Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Ahora, además, tanto Irlanda del Norte como Escocia y Gales han anunciado formalmente y en conjunto su decisión de independizarse del gobierno central porque han sufrido ellos también en carne propia el colonialismo, incluso un conflicto armado como en el caso de Irlanda del Norte. Y son diferentes que Inglaterra en su posicionamiento.
Hay que recorrer las cuatro naciones, algo que nosotros nos propusimos e hicimos. Por ejemplo, estuvimos en Gales para un festival de poesía de Dylan Thomas, invitada por el secretario del primer ministro de Gales. Con el primer ministro de Gales visitamos la Patagonia Argentina para celebrar el aniversario de la llegada de los galeses en nuestro país, para demostrar que no tenemos hostilidad entre los pueblos, sino que es un problema de los Estados. En Irlanda del Norte, que tiene un gobierno compartido entre los leales a la Reina de Inglaterra y el Sinn Féin, que son los independentistas, al viceministro del gobierno Martin McGuinnes le hice todo mi discurso formal sobre la importancia de que apoyara el diálogo y él me dijo: “el diálogo está muy bien, pero las Malvinas son argentinas”. La ministra de Escocia me dejó hablar en el Parlamento para el Día de la Mujer. O sea, esas tres naciones tienen capacidad de establecer un diálogo productivo por Malvinas.
¿Y vos creés que esto retrasa ese diálogo?
Es que, con Milei, cuando hablo de diplomacia actual no sé ni de qué estoy hablando, porque, por ejemplo, ¿hay un vicecanciller en la cancillería argentina? Yo sé que hay un tipo que trabajaba en un banco que no tiene la menor idea de política, de geopolítica ni de diplomacia, Pablo Quirno. Creo que no hay ni vicecanciller y no están haciendo nada, no producen política exterior, es un gobierno donde está prohibido pensar.
Pensando en el año que viene, ¿cómo ves el cambio de gobierno, la posibilidad del peronismo o del campo popular, las reestructuraciones de las políticas y las discusiones, lo importante en ese marco también de la elección en Brasil, de la elección de medio término en Estados Unidos? Es un momento muy abierto, para el bien y para el mal.
La vida está en juego. La vida institucional de la Argentina: ya no vivimos en democracia en nuestro país. Por eso nosotros estamos impulsando siete pedidos de juicio político. Empezamos en 2024 con Maximiliano Rusconi, Eduardo Barcesat, Carlos Rozanski, Jorge Elbaum, Pérez Esquivel, Tati Almeida y muchos otros: en un momento dejamos de producir pedidos, porque Milei da una o dos causales de juicio político a diario. Empezamos con la ley “Bases” y con el decreto 70/20203, seguimos cuando nos llamó “zurdos” con las amenazas de persecución, con el nuevo endeudamiento, con la vulneración de la salud pública, con Malvinas, con la criptoestafa. Milei da una causal de juicio político por día, pero los diputados no han reaccionado, no han logrado aún conformar la Comisión de Juicio Político. Fui diputada, no puedo entender cómo no tienen capacidades desde la oposición para exigir la formación de una comisión. Estamos en un tiempo donde las redes, por un lado, nos permiten brindar transparencia, pero por otro lado generan también una disfunción cognitiva importante, permiten esta la proliferación de bots y trolls que realmente daña mucho la opinión pública y además intervienen en las elecciones, como hemos visto con el caso Cerimedo. Es decir, no digo que está en riesgo la democracia, porque creo que ya no vivimos en democracia. Antes podía decir que había una democracia “de baja intensidad”; ahora creo que no hay democracia, porque, siendo el sistema de democracia representativa, muy pocos pueden sentirse representados en este. Hace muchos años que propongo –desde que era diputada, justamente– una nueva Constitución, para pasar de una democracia representativa a una democracia participativa y protagónica, que incluya, entre otras instituciones, por ejemplo, el referéndum revocatorio.
Entonces, la vida está en juego. Milei decía –o fingía descreer– que no había hambre en la Argentina porque, si no, la gente estaría muerta en la calle. Bueno, ahora tiene muertos. Muertos de hambre, jubilados que no tienen medicamentos, suicidados por falta de esperanza. Hace poco se suicidó una señora porque no podía pagar un crédito de un millón y medio de pesos. ¿En qué sociedad estamos viviendo? En los suicidios de los jóvenes hay un incremento inusitado en la Argentina. ¿Cómo podemos vivir con eso? Con Jorge Macri, que todas las mañanas patea y manda a expulsar a la gente; gente que, encima de no tener techo, no tener casa, no tener trabajo, es pateada, insultada y a la que le son robadas las pocas cosas que tienen. Es insoportable. Cuando veo los niños gritando “mamá, mamá”, sobre las piedras de Palestina, cuando veo la gente amputada, pienso que esto es el Apocalipsis.
En este escenario, con respecto al año que viene, creo que todos y todas, cada uno en la medida de sus posibilidades y desde su lugar, tiene que hacer algo para que esto cambie. Lo que no podemos es tratar de competir con la derecha, someterse a los dictámenes de los que financian campañas, que en general son sionistas. Yo creo que los candidatos y candidatas a presidir la Argentina tendrían que radicalizarse. Son ejemplos Lula, Elif Eralp, Mamdami. Solamente una propuesta radical puede ganar.




