En la última década pasaron tres presidentes algo inverosímiles: Mauricio Macri (2015-2019), Alberto Fernández (2019-2023) y Javier Milei (2023-¿?). En tanto, la riqueza de la nación y la sangre que la produce quedó en manos de siete ministros de economía: Alfonso Prat Gay, Luis Caputo, Nicolás Dujovne y Jorge Lacunza con el primero; Martín Guzmán, Silvina Batakis y Sergio Massa con el segundo; Luis Caputo otra vez, recargado, con el actual bufón. A la fecha, el bucle temporal de los últimos diez años nos tiene, en términos político-económicos, en el día de la marmota. Pero poco importa, la sangre fluye con pasión de sobra.

  1. Mauricio Macri fue el primer presidente en asumir con 214 causas penales, que diluyeron su atención y penalidad por la capacidad operatoria sobre un Poder Judicial que bordó a medida, designando jueces por decreto con la connivencia histórica de sus pares. En el plano más rancio del esquema, encarceló opositores ante la atónita mirada de sus acólitos, armando causas penales ad hoc sobre bases muy factibles que facilitaron la operatoria, en una repetición de odios con siete décadas de incubación. La evidencia de su sobreactuación y rencor de clase no escatimó en declaraciones que fueron humillantes incluso en su estúpida boca de niño bien.
  2. Desfinanció el Estado bajando impuestos a sectores de altos ingresos y subiendo cargas monetarias a medios y bajos sin compensar la caída de la recaudación. Dejó agotadas las arcas públicas, limitando la emisión de moneda con la promesa de bajar la inflación (mientras se disparaba por escasez y apertura desordenada de la economía) ralentizando la actividad productiva en un camino de difícil retorno por la destrucción de miles de empresas.
  3. Tomó la mayor deuda externa en la historia del Fondo Monetario Internacional sin pasar por un solo organismo público para su aprobación. Su entonces ministro de economía, Luis  Caputo, (¡oh! el mismo de ahora) colocó al país en obligaciones financieras a cien años, atándolo a organismos multilaterales que hace cinco décadas solo prestan dinero para endeudar la nación, no para capitalizarla.
  4. Asumió el gobierno con un dólar a $9,60 y su primera medida fue devaluar la moneda local, llevando el precio del billete extranjero a $12,90, sin compensación salarial para soportar el golpe inflacionario. Al final de su gestión el dólar cotizaba a $57,85. La presidencia de este empresario corrupto y hábil fue un ensayo salvaje con apuesta cierta a futuro.
  5. Un diciembre agotador y espantosamente caluroso inundó las calles de una pasión renovada: Macri fue eyectado por los votos en primera vuelta, sin necesidad de desgastes emocionales y esperas agónicas. Nos imaginamos, por impulso más que por razón, la posibilidad de desarmar el desastre heredado, pero tal vez apostamos a un debate por momentos acrítico en lugar de la intervención más dolorosa.
  6. El nuevo gobierno trastabilló en la insondable pelea de un equipo sin primus inter pares que aniquiló algunos de los deseos de ese sudoroso comienzo. Debates públicos, acusaciones cruzadas y una constante división sectorial para medir fuerzas en lugar de direccionarlas a las necesidades más básicas de lo recibido agotaron hacia adentro el intento, que implosionó más rápido de lo que pensábamos.
  7. Un joven economista ensayó un plan ordenado que dejó tendencias de inflación y pobreza hoy envidiables, por la curva lenta pero precisa que estaban trazando. El desaguisado interno antes mencionado no le permitió seguir y fue reemplazado por una tecnócrata que tenía en su haber la rebaja de los sueldos docentes en la provincia de Buenos Aires bajo las órdenes del entonces gobernador Daniel Scioli (hoy funcionario de Milei). Como corolario, un abogado de dudosa lealtad se hizo cargo de los números (y de facto, del Ejecutivo), dejando en tres dígitos la inflación del último tramo de gestión; personaje inescrupuloso que se presentó a elecciones y casi gana en primera vuelta.
  8. A la distancia, los yerros impolíticos saturados de debates intestinos bien pueden saldarse con una actitud que pocos tuvieron en el planeta en medio de la pandemia mundial del Covid-19: un Estado destrozado, falto de recursos y en deuda absoluta por la herencia recibida de Macri, se lanzó a buscar vacunas por todo el orbe con su línea de bandera y las repartió a su población de forma gratuita en cuestión de días. Pocos países reaccionaron tan rápido, y vale recordar que casi ninguno tuvo una sarta de idiotas en las calles rechazando las vacunas (que igual aceptaban en privado) y haciendo marchas cada semana en medio del encierro, sin que nadie los pusiera en su lugar para dejar de expandir la enfermedad por la cual varios de esos mismos estúpidos sucumbieron en el camino.
  9. Alberto Fernández asumió la gestión con un dólar a $58,00 y terminó su mandato con el billete cotizando a $ 358,00, luego de que su último ministro de Economía inventara un dólar especial en beneficio de los sectores exportadores, que solventamos con nuestro esfuerzo emitiendo pesos para que aquellos embolsen enormes ganancias con cada producto vendido al exterior.
  10. Los últimos dos años fueron capaces de alborotar el asombro por repetición. No pudimos ver que el cansancio cierto y material podía ser canalizado por uno de esos locos de turno que la historia nos entrega mas seguido de lo que digerimos. Un autentico bufón de las redes sociales y los sets de televisión se hizo con el cargo de presidente de la Nación, y un séquito de brutos e hijos de puta no dudó en terminar la carnicería del primero de la saga. Con el mismo equipo de gobierno de Macri, regresó una furia inusitada de violencia política enfocada en administrar para pocos y consolidar una sociedad desigual bajo la premisa de convener a todos y cada uno de sus habitantes sobre las bondades de morir de hambre o ser asesinado por el Estado. Así, se le dio libre curso a una retahíla de muertes sin ruido que ya no conmueven colectivamente: ancianos que terminan sus días por falta de medicamentos (antes gratuitos, para compensar las siempre magras jubilaciones y pensiones) y enfermos terminales sin la asistencia básica suman decenas de cuerpos que caen todos los días en el silencio de los cementerios. Mientras tanto, la batalla de los freaks que han ocupado el Estado contra la cultura, la educación, la salud y la alimentación se judicializó de forma novedosa para evitar que la sangre fluya y el cuerpo se apasione o, al menos, sobreviva. Javier Milei asumió su gestión con el dólar a $ 358,00 y su primera medida fue una devaluación que llevó el billete verde a $ 788,25, espiralizando la inflación y retrasando los ingresos populares (salarios, jubilaciones y pensiones) a números paupérrimos de los que ya no se recuperaron. En este 2026, el dólar cotiza actualmente a $1.388.

Diez vectores sanguíneos, responsables de la crónica enfermedad de la malaria. Un bucle que siempre deja el mismo resultado de miseria. Desatino difícil de sopesar por sus apoyos inesperados y sus desmadres a futuro. Desde este espacio vital llamado Sangrre, algunas de esas tormentas nos tomaron por sorpresa (a veces algo impostada) y otras bien cubiertos del chubasco o dispuestos a mojarnos. Ante estos intempestivos aguijones extractivos, intentamos darle vitalidad a la sustancia común, e interpretar honestamente los diagnósticos mientras sostenemos el intento por fluir a pesar de las vicisitudes de este fallido país, con tantas alarmas de incendio pero también con una pasión capaz de cualquier reacción de mejora. La anécdota del futuro no la tenemos, pero siempre sucede. Nuestra preocupación es genuina, con altavoz, sin cortapisas, y sale de las entrañas, aunque los cuerpos se desarmen y sangren.

Hubo una década, un bucle de la historia económica del país, en eso estamos, en eso seguimos. La mesa está servida… Continuará.