En pocos días comenzará el Campeonato Mundial Masculino de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA). La propaganda oficial lo califica como la competencia más inclusiva de la historia: tres países anfitriones –Estados Unidos, México y Canadá–, dieciséis ciudades en las que se desarrollará el torneo y cuarenta y ocho equipos nacionales que disputarán la Copa.
En la fase de grupos, la competencia será en doce grupos de cuatro selecciones cada uno. Las dos primeras de cada grupo y las ocho mejores terceras pasarán a la siguiente fase. Por primera vez, el torneo tendrá una ronda de 16.vos de final.
Esto es lo que nos dice la propaganda oficial. Pero en la historia hay mucho que se ha escondido bajo la alfombra. En estas líneas vamos a recordar algunos casos.
La FIFA fue creada en 1904 por siete asociaciones nacionales de fútbol. Regulaba en ese tiempo un deporte que era considerado mayoritariamente como amateur. La irrupción de los grandes capitales se dio a partir de 1974, desde que el brasileño João Havelange ganó la titularidad del ente mundial del balompié. Este contrató a Joseph Blatter, quien inició las relaciones institucionales con la multinacional Coca Cola y extendió contactos y relación con otras empresas de gran porte.
En 1995, durante un campeonato europeo, la confederación sindical mundial CIOSL (Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres) entró en contacto con la UEFA, miembro muy influyente de la FIFA, para reclamarle que los balones oficiales eran hechos por niños paquistaníes de cinco a siete años. Tal hecho desembocó en una campaña internacional contra el trabajo infantil. Si mal no recuerdo, la empresa deportiva que producía esos balones y tenía relación con la FIFA, pagaba a los niños 39 centavos de dólar por cada pelota terminada, la cual era vendida en el mercado internacional por 75 dólares.
La empresa, por su parte, no dudaba en pagar varios millones de dólares a un deportista conocido para promocionar las pelotas. Pero la crítica no era sobre cuánto se pagaba a los niños, sino por el trabajo infantil utilizado por una empresa multinacional, mientras los niños debían estar estudiando o jugando.
La cosa no terminó ahí, porque, en realidad, la asociación de la FIFA con las grandes empresas hace que se presione a los gobiernos de los países anfitriones a cambiar las leyes laborales, para acomodarlas a los intereses empresariales y de la propia federación internacional.
Antes del Mundial realizado en Brasil en 2014, fue sancionada una “Lei Geral de Copa”, pero la entonces presidenta Dilma Rousseff vetó los artículos 48 y 49 que establecían el trabajo voluntario, ya que es un principio universal que todo trabajo debe ser remunerado. Los precios de los pasajes aéreos subieron sin medida. Los boletos entre São Paulo y Rio de Janeiro, que normalmente costaban 500 reales, pasaron a venderse a 3.000.
Hay también casos que pueden inducir a pensar en prácticas de nepotismo. En el caso brasileño tenemos a Joana Havelange, nieta de João Havelange e hija de Ricardo Teixeira, quien fuera presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, y Lucia Havelange. Joana fue la directora ejecutiva del Comité Organizador local de la Copa Mundial de la FIFA 2014. Ella no ha estado exenta de controversias ligadas a la transparencia en la organización de la Copa.
Antes de empezar el campeonato de 2018 en Rusia, fue sancionada la Ley FZ 108, de carácter federal, que permitía abolir toda regulación o control sobre las personas extranjeras o migrantes contratadas como “voluntarias”.
Ya en 2011, Joseph Blatter lamentó haber tomado la decisión de establecer en un solo acto las sedes de los torneos de 2018 y 2022, porque existían denuncias muy graves contra el trato que el gobierno de Qatar daba a los migrantes que trabajaban en las obras de infraestructura para el campeonato de 2022, bajo un sistema de trabajo forzoso llamado “kafala”. Hubo muchísimas quejas por las malas condiciones en que los obreros extranjeros vivían y por la pésima situación laboral que debían soportar, bajo calores que llegaban a los 50 °C. Fueron reportadas muchas víctimas fatales. El 95 por ciento de los trabajadores y trabajadoras en Qatar eran migrantes y ganaban menos de 200 dólares mensuales, mientras un trabajador qatarí tenía un sueldo de más de 7.000 dólares por mes. Las empresas encargadas de realizar las obras eran Bechtel (Estados Unidos), Leighton Group (Australia), Hitachi (Japón), Balfour Beatty (Inglaterra), Hochter (Alemania), Besix (Bélgica), Vinci (Francia) y OHL (España). En la construcción de carreteras y aeropuertos, el gobierno qatarí gastó 31.000 millones de dólares, mientras que en la construcción de nueve estadios empleó 48.000 millones de dólares.
El gobierno de Qatar utilizó muchísimo dinero para promover su candidatura como sede del Mundial 2022. Artículos publicados en el periódico francés Le Monde han planteado que el gobierno de Sarkozy le dio a Qatar su voto a cambio de que el país árabe le comprara a Francia unos aviones. Hay franceses que sospechan que también esa monarquía compró el club Paris-Saint Germain a cambio del voto galo, pues el club estaba teniendo serios problemas financieros.
La campaña contra el régimen laboral que sufrían los trabajadores inmigrantes en Qatar fue muy fuerte en sus orígenes, pero se fue suavizando a medida que la inauguración del campeonato se acercaba. Tras su finalización, el 9 de diciembre de 2022, la Policía de Bélgica detuvo a varios eurodiputados y a un dirigente sindical internacional por sospechas de haber recibido dinero del gobierno qatarí.
Los próximos campeonatos
El Mundial 2030 se lo repartirán tres continentes. Participarán organizaciones de España, Portugal y Marruecos y, conmemorando los cien años de la celebración del primer Mundial de Fútbol, habrá partidos inaugurales en Uruguay, Argentina y Paraguay. Es muy probable que surjan varias denuncias sobre quebrantamientos a derechos laborales en el sector de la construcción, así como conflictos por protestas de pequeños empresarios que verán restringidos sus derechos.
Arabia Saudita será sede del campeonato en 2034. Casualmente, el 21 de mayo de 2026, el periódico británico The Guardian publicó una noticia sobre la empresa petrolera saudí Aramco, una de las que más dinero gana. No quiere compensar a un trabajador migrante que tiene su pierna aplastada por una viga gigante de metal. Esta empresa es una de las principales patrocinadoras de la FIFA.
Por otra parte, Arabia Saudita lleva tiempo usando el fútbol como parte de su estrategia de proyección global, invirtiendo en fichajes de renombre en su liga y buscando albergar torneos importantes. Los saudíes quieren posicionar a su país como un centro global deportivo y, en ese camino, el fútbol es una de sus primeras apuestas. Es probable que para 2034 invierta una suma de dinero mucho más alta que Qatar. El problema es que el sistema “kafala” de explotación laboral también ha existido allí y, a pesar de que el gobierno saudí sostiene que hay progresos en el respeto a los derechos laborales, mucha gente no está de acuerdo con que esto sea realmente así.
El 27 de octubre de 2025, la internacional sindical de la Construcción y la Madera (ICM en español, BWI en inglés) ha firmado un acuerdo con la FIFA para la inspección conjunta de las obras que se realicen, en búsqueda del respeto a los derechos laborales de quienes realicen las obras. Por mi experiencia personal durante el campeonato en Brasil, esto no representará una luna de miel.
¿La FIFA está por la democracia?
Las dictaduras y los procedimientos autoritarios tampoco le producen asco a la entidad internacional del balompié. En 1978 realizó el campeonato Mundial en Argentina bajo una situación de dictadura, secuestros y desapariciones. De las monarquías absolutas de los países árabes tampoco se aparta. Y, en esta oportunidad, con todas las persecuciones a migrantes que llevan a cabo en Estados Unidos, la central obrera norteamericana AFL-CIO (Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales) ha lanzado recientemente un pedido al titular de la FIFA. La presidenta de la entidad obrera, Liz Shuler, le exige a Gianni Infantino que proteja a los trabajadores y trabajadoras y que mantenga al ICE –agencia federal que apresa y maltrata a los migrantes– fuera de las ciudades en las que se disputarán los partidos.
En síntesis, mientras la FIFA pinta todo como la fiesta de la paz y de los pueblos, hay partes oscuras en su actuación que deben ser transparentadas.



